Hoy quiero hablarte de una empresa con una historia trepidante. Se trata de Ginko Bioworks, que tiene como objetivo convertirse en la TSMC de la biotecnología, para lo cual, en lugar de fabricar chips programables, a lo que se dedica es a fabricar células programadas para realizar una nueva función específica.
De esta forma, Ginko trabaja en el ámbito de la biología sintética: diseñar células que cumplan una función concreta, como bacterias optimizadas para producir proteínas terapéuticas, levaduras modificadas para fabricar moléculas complejas usadas en fármacos y células diseñadas para producir enzimas específicas usadas en vacunas o terapias.
Como te decía la historia de Ginko es trepidante, pero a la vez bastante polémica, y no sólo por lo ambiciosa que es su misión, sino por los altibajos que ha tenido desde su fundación como una spin-off del MIT en 2028.
Por ejemplo, entre sus principales hitos destacan, empezando por el final, en 2026 la colaboración con OpenAI para usar la inteligencia de GPT-5 en su laboratorio autónomo, de modo que pueda proponer experimentos, ejecutarlos a gran escala, aprender de los resultados y decidir qué probar a continuación, gracias a lo cual el coste de producción de proteínas se puede reducir en un 40%.
Y si nos remontamos mucho más encontraremos noticias tan interesantes como que en 2014 Ginko fue la primera empresa biotecnológica que participó en el prestigioso programa de aceleración de startups Y Combinator, en el cual sobre todo participan proyectos digitales, lo cual denota que desde hace mucho tiempo la empresa tiene el objetivo de unir la biología con los bits.
Más adelante, en 2018, la empresa se convirtió en unicornio al alcanzar la valoración de 1.000 millones de dólares en una de sus rondas de inversión. En 2019 pasa a valer 4.200 millones y en 2021 sale a bolsa a través de la fusión con una SPAC con una valoración de unos 20.000 millones de dólares, lo cual la posiciona como un éxito vertiginoso, al menos desde el punto de vista financiero.
Gracias a ese éxito, entre 2017 y 2022 la empresa ha adquirido 7 startups incorporando sus capacidades e innovaciones más importantes en materia de biotecnología.
Pero aquí es donde las cosas empiezan a torcerse, porque pocos meses después de empezar a cotizar en bolsa, la empresa es acusada de ser una estafa porque contabilizaba como ingresos los contratos que tenía con las startups en las que invertía, lo cual significaba una parte importante de su volumen de negocio.
Entonces es cuando la empresa comienza su particular calvario, porque su cotización se desploma más de un 95%, teniendo actualmente una valoración de unos 500 millones de dólares.
Pero bueno, aquí no hemos venido a hablar de inversiones sino de tecnología y esto es lo que vamos a ver a continuación, porque tras depurar sus problemas financieros, la empresa no ha parado de llegar a acuerdos para impulsar su estrategia de construcción de laboratorios robotizados y si nos fijamos en las colaboraciones que tiene con la industria farmacéutica, parece tener muy claro que lo importante es seguir con su misión de convertirse en el TSMC de la biotecnología.
Ginkgo y Bayer trabajan en el desarrollo de soluciones biológicas para agricultura (nitrogen-fixing microbes y tecnologías agrícolas biológicas).
Ginkgo y Pfizer mantienen un acuerdo de colaboración centrado en el descubrimiento de posibles medicamentos basados en RNA.
Ginkgo y Boehringer Ingelheim trabajan con una base de datos metagenómica para acelerar el descubrimiento de nuevas moléculas terapéuticas.
Ginkgo y Merck tienen un acuerdo para diseñar enzimas para su uso como biocatalizadores en los esfuerzos de fabricación de ingredientes farmacéuticos.
Ginkgo y Solvay trabajan en biopolímeros sostenibles, expandiendo capacidades de R&I en química y biología sintética.
Y vamos ya con lo importante, los laboratorios robóticos, qué son y para qué se utilizan:
Cuando hablamos de los laboratorios robóticos de Ginkgo nos referimos a una infraestructura automatizada donde la biología se trata como un proceso industrial programable y donde los brazos robóticos hacen la mayor parte del trabajo manual que hasta ahora hacían las personas.
Un laboratorio robótico es, en esencia, una fábrica de experimentos.
Su función no es ejecutar miles o millones de variaciones de un diseño biológico de forma sistemática, medir los resultados y alimentar esos datos a modelos computacionales que deciden qué probar a continuación.
El esquema que se sigue para alimentar este proceso es el siguiente:
Diseño digital
Construcción automatizada
Prueba masiva
Medición estandarizada
Aprendizaje algorítmico
Y el ciclo se repite continuamente.
Si lo vemos desde el prisma de la robótica, se trata de un sistema cerrado de percepción decisión, y acción, aplicado a células en lugar de a motores eléctricos.
Por lo tanto, los laboratorios de Ginko son plataformas automatizadas que manipulan sustancias, cultivan microorganismos, secuencian resultados y generan datos estructurados. Donde todo está diseñado para minimizar la intervención humana y maximizar la reproducibilidad, con el objetivo de poder escalar el proceso.
En robótica hablamos mucho de datos, simulación, modelos de mundo y entrenamiento a gran escala. Ginkgo está intentando hacer algo equivalente en biología: convertir cada experimento en datos reutilizables que mejoran el siguiente.
De esta forma, si eres capaz de convertir la biología en ingeniería iterativa apoyada en automatización y modelos de IA, la velocidad de descubrimiento aumenta exponencialmente.
En definitiva, Ginko ofrece a las empresas biotecnológicas y farmacéuticas la infraestructura de hardware y software necesaria para desarrollar sus productos, de manera que estas empresas sólo tienen que dedicarse a diseñarlos, lo mismo que hace NVIDIA que diseña las GPU que luego fabrica TSMC.
Sin duda, una empresa que no puede dejarnos indiferentes, por lo ambiciosa que es su misión pero por lo controvertida que ha resultado su trayectoria hasta el momento.
Estaremos atentos a su evolución porque lo que pretende conseguir podría cambiar el mundo o quedarse sólo en una analogía ingeniosa: el TSMC de la biología.
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